Tras la ventana comenzaban a oírse ruidos, eran las gotas de
lluvia que chocaban contra el cristal.
Al escuchar el sonido me dirigí hasta allí y enseguida pensé :
¡qué tarde más triste !, y los recuerdos afloraron en mi cabeza.
Vinieron a mi mente mis días de niña cuando ya terminado el
colegio llegaban las vacaciones.
Empezaban los días de piscina y también
las tormentas de verano día si y día también , entonces caía un buen chaparrón para continuar al día siguiente con el calor propio de esos meses.
Y en esos momentos al no poder salir a ningún sitio, nos distraíamos jugando a las cartas y se pasaba el tiempo sin pensar,
mientras mi padre dormitaba en su sillón y mi madre iba preparando la cena.
Me sonreí cuando recordé las caras que ponía mi hermana cuando perdía la partida , porque eso de no ganar no le gustaba nada, y así pasaba parte del primer mes hasta que nos íbamos al pueblo en Agosto.
Nos hacia mucha ilusión preparar el viaje, que desde luego costaba lo suyo, porque no había tantas posibilidades como ahora y había que hacerlo con tiempo, pero al final llegaba el día de las ansiadas vacaciones, y con ello la gran paliza de mis padres
al llegar porque recoger y hacer habitable la casa no era tan fácil después de haber estado cerrada durante meses.
Lo importante era estar con la familia y pasar unos buenos días desconectando de la monotonía de todo el año en la ciudad.
Pero como todo llega, así fue pasando el mes de veraneo y vuelta otra vez a la rutina diaria, al cole, a la casa, al trabajo..
Y mientras la lluvia seguía cayendo, así también yo volvía a la realidad, al ahora, sintiendo una gran nostalgia de aquellos momentos que ya pasaron y que quedaran siempre en mi memoria como los mas felices de mi niñez.
